Lobotomías Femeninas

Llevo varios días cocinando a fuego lento una receta, amarga y purgante, pero necesaria. Todo empezó el día – como otros muchos –  en el que algunas mujeres nos escrutamos ante el espejo con la crueldad típica que ejercemos sobre nosotras mismas: estiramos con las manos los mofletes hacia atrás, levantamos con el  índice la ceja derecha, agarramos y balanceamos esa piel que cuelga de nuestro brazo, pellizcamos nuestro trasero comprobando su poca resistencia a la ley de la gravedad…

Pero el pánico se apoderó de mí al comprobar que un vello en el monte de venus había perdido su pigmentación (que tenía un pelo del coño blanco, vamos). Mi vida pasó ante mis ojos y acabó con un fotograma de servidora en un sillón orejero, tejiendo calcetas y con un moño blanco en mi cabeza inclinada hacia mis labores. Terror, miedo, negación.

Pasé varios días pensando que era el principio del fin. Un punto de inflexión en mi aceptación social como mujer  “joven-activa- arreglada-como tiene que ser “ y que empezaba la cuesta abajo.

Os preguntareis qué tipo de retraso mental me ha llevado a pensar todo eso y afortunadamente, yo también me lo he preguntado. Solo tenéis que poner un ratico la tele (sé que es duro a veces, pero intentadlo) y mirad los anuncios cuyo target es la población femenina: péinate, maquíllate, adelgázate, quítate las ojeras,  ¿piel de naranja?, pies  suaves, sonrisa blanca, melena con volumen,… una gota Malaya que penetra en tu cabeza cuidada con “Garnier puntas abiertas”.

Un cuarentero con canas es un tío elegante. Una cuarentona con canas es una “¿Y cuándo vas a la pelu? Nadie le exige a un periodista que salga por la tele que  esté bueno, pero ella debe salir medio en pelotas. Al jefazo le dan por hecho su capacidad, ella lo tiene que demostrar continuamente. Cosas tan cotidianas que se nos escapan y aceptamos como normales. PERO JODER, QUE NO LO SON.

Que pidas dos menús infantiles en la hamburguesería de turno y te hagan elegir ―¿Juguete de niña o de niño?―error a todas luces  garrafal. Pero lo espeluznante es que el juego masculino sea un juguete de acción y el femenino sea un peine (han oído bien señores, UN PUTO PEINE). Que las niñas ya nos enteremos de bien pequeñitas que lo nuestro es estar guapas. Ellos que se diviertan.

Y podría llenar páginas y páginas de micro machismos comunes y desgraciadamente habituales, pero me voy del tema y esto parece un brain storm de feministas.

Sigo con mi receta a fuego lento… a ese pelo púbico endemoniado  le ha seguido una horda de canas en el flequillo (y cuando digo horda, digo un buen puñado) y ahí se van a quedar. No voy a esconder que tengo casi 39 años. No voy a esconder que soy una mujer medio madura que hace putos equilibrismos  por ser madre, trabajar, ser socialmente activa y que disimula estar emocionalmente equilibrada. No es para esconderlo, es lo que soy y seré cada vez más.

Ya sé que puede ser una frivolidad―unas putas canas que voy a aceptar― y que detrás de estas quejas de tía de clase media  y sus problemitas del primer mundo, se esconde un problema gravísimo incrustado en la sociedad que no osaré tocar aquí.  Pero ya os he dicho que es  a fuego lento.

Ilustración: samantalopez.wixsite.com/digital   IG: samlo.digital

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